Pero las bajas temperaturas invernales suelen reducir la sed y eso puede provocar deshidratación debida al frío.
Cada vez que sudas, orinas o vas al baño, pierdes agua. Es posible que no notes cuánto estás sudando bajo varias capas de ropa y, con sudor o sin él, todos perdemos agua constantemente a través de la piel. Además, el aire más seco producido por la calefacción en interiores puede hacer que nos deshidratemos sin darnos cuenta.