Cuando tienes hijos, hay retos con los que ya cuentas. Pero hay otros que llegan disfrazados de dolores de estómago o de cabeza, de mal humor o de niños que de repente se niegan a tomar sus platos favoritos.
Si a tu pequeño le han diagnosticado hace poco celiaquía o sensibilidad al gluten, podemos ayudarte. Los niños crecen de maravilla sin tomar gluten y las familias pueden adaptarse mucho más rápido de lo que imaginan. El secreto radica en entender lo que pasa, contar con la ayuda adecuada y diseñar rutinas sencillas que no resulten abrumadoras.
En esta guía repasaremos todos los aspectos: los médicos, los alimentarios y los relacionados con el día a día.
Algunas nociones básicas sobre los
trastornos relacionados con el gluten en niños
Antes que nada, es importante aclarar los dos trastornos de los que los padres oyen hablar con más frecuencia:
La celiaquía es un trastorno autoinmune para toda la vida en el que el organismo reacciona ante el gluten dañando el intestino delgado. Si no se trata, puede causar deficiencias nutricionales, ralentizar el crecimiento y provocar irritabilidad, fatiga y complicaciones a largo plazo. El único tratamiento que existe es una dieta estricta sin gluten.
La sensibilidad al gluten, por su parte, no es una alergia ni una enfermedad autoinmune. No provoca daños intestinales, pero sus síntomas pueden ser igual de molestos. Los niños pueden sufrir distensión abdominal, dolor de estómago, dolor de cabeza, estreñimiento o diarrea, erupciones, dolor articular, “niebla mental” o cambios de humor llamativos.
La buena noticia es que, una vez que el gluten desaparece de la dieta los niños suelen recuperar la energía, el apetito, la concentración y toda su chispa, y en el caso concreto de la celiaquía el intestino se recupera, disminuyendo así las complicaciones a largo plazo