La principal diferencia es que en la celiaquía el cuerpo reacciona ante una proteína y se activa el sistema inmunológico causando daño intestinal. En la intolerancia a la lactosa falta una enzima que no permite digerir la lactosa en azúcares más simples, pero no activa el sistema inmune y aunque produce síntomas gastrointestinales, no causa daño tisular a nivel intestinal. Además, la celiaquía no se cura, y su tratamiento es una dieta estricta sin gluten de por vida, mientras que la intolerancia a la lactosa asociada a la celiaquía puede ser transitoria o ser tratada con pastillas de lactasa.
La celiaquía si no se diagnostica y se trata con una dieta libre de gluten, puede provocar problemas de salud graves, ya que el intestino delgado se daña cada vez más y su capacidad para absorber nutrientes se ve afectada. La celiaquía solo se desarrolla en individuos genéticamente predispuestos, y aunque la dieta sin gluten ayuda a que desaparezcan los síntomas, no tiene cura.
La intolerancia a la lactosa, si es causada por una deficiencia primaria de lactasa, también es causada por una variación genética. Pero muchas personas desarrollan intolerancia a la lactosa temporalmente debido a una deficiencia secundaria de lactasa, que es causada por otra afección que afecta al intestino, como gastroenteritis o celiaquía. En tales casos, la intolerancia a la lactosa suele desaparecer.
El vínculo entre la intolerancia a la lactosa y la celiaquía
Cuando a una persona se le diagnostica por primera vez la celiaquía, el revestimiento del intestino todavía se ve afectado por el daño causado por comer gluten. Este daño al intestino puede hacer que el cuerpo no produzca suficiente lactasa o que la enzima que se produce no funcione correctamente.
Una vez que un paciente celíaco sigue una dieta sin gluten, el intestino puede sanar y la capacidad de producir lactasa y digerir la lactosa puede regresar.
¿Qué pasa con la intolerancia o sensibilidad al gluten no celíaca?
La sensibilidad al gluten/trigo no celíaca, mal denominada intolerancia al gluten, son términos utilizados para describir la condición de las personas que no pueden tolerar el gluten en sus alimentos y experimentan síntomas similares a los que tienen la celiaquía, pero sin el daño intestinal. Existe una superposición importante entre los síntomas de ambas patologías y se están realizando investigaciones para identificar si existe alguna interacción entre las dos condiciones.
¿Cómo se tratan la celiaquía y la intolerancia a la lactosa?
Ni la celiaquía ni la intolerancia a la lactosa tienen cura, y ambas se tratan evitando los alimentos que provocan los síntomas. El único tratamiento aceptado para la celiaquía es una dieta estricta sin gluten. La intolerancia a la lactosa se trata evitando los alimentos que contienen lactosa, con la esperanza en muchos casos de que la capacidad del cuerpo para producir lactasa regrese para que la lactosa pueda ser digerida nuevamente.
También puede resultarte útil tomar medicamentos que contengan sustitutos de la lactasa, que se pueden agregar a la leche o tomar antes de comer una comida que contenga lactosa.
Obtener el diagnóstico correcto
Dada la superposición de los posibles síntomas de la celiaquía, la sensibilidad al gluten no celíaca y la intolerancia a la lactosa, es importante obtener un diagnóstico correcto de un médico. La celiaquía se puede analizar con una muestra de sangre, pero es importante no eliminar el gluten de la dieta de antemano, ya que la prueba funciona identificando los anticuerpos que el cuerpo de un paciente celíaco crea en respuesta al gluten.
Las personas con sensibilidad al gluten/trigo no celiaca pueden pensar que tienen la celiaquía, pero descubren que la prueba de la enfermedad es negativa. En este caso, será cuestión de eliminar el gluten de la dieta y observar si los síntomas disminuyen o no. La intolerancia a la lactosa no tiene una prueba específica para el diagnóstico.
Es importante buscar el consejo médico y la ayuda de un dietista-nutricionista al cambiar la alimentación. Tanto una dieta sin gluten como sin lactosa plantean desafíos, pero siguiendo la dieta adecuada en cada caso se puede llevar una vida completamente normal.