Se suele decir que, una vez diagnosticada, la enfermedad celíaca deja de ser una enfermedad y se convierte en una forma de vida. En efecto, después de comenzar el tratamiento, el estado de salud psíquico-físico mejora notablemente, pero hay que aprender a convivir con las reglas que impone el nuevo régimen dietético. La amplia variedad de productos sin gluten, que desde hace poco ha puesto a disposición la industria alimentaria especializada, ha contribuido notablemente a elevar la calidad de vida de los celíacos. Cada vez es más fácil encontrar alimentos sin gluten en los supermercados, así como productos listos para consumir o para cocinar. El peso de la restricción alimenticia se advierte al comer fuera de casa, dado que en los establecimientos de restauración (comedores, cafeterías, restaurantes) la disponibilidad de platos o tentempiés sin gluten es aún limitada. A pesar de ello, esta situación mejora año tras año, gracias al gran afán de las asociaciones de celíacos y a la creciente atención de las instituciones y de los medios de comunicación.