La "dieta mediterránea" es una forma genérica de describir las características generales de las diferentes tradiciones alimentarias entre los países que bordean el mar Mediterráneo. Las cualidades clave de esta dieta son que es rica en frutas, verduras, pan y otros cereales, legumbres, nueces y semillas, siendo el aceite de oliva la principal fuente de grasa. También se consumen productos lácteos, huevos, pescado y aves, pero en cantidades moderadas. La carne roja debe ser consumida con moderación, sobre todo en guisos. Las comidas a menudo acaban con una pieza de fruta o frutos secos, y los postres a base de azúcar y mantequilla son menos típicos que, por ejemplo, en la cocina del norte de Europa.
Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), seguir la dieta mediterránea requiere que la principal fuente de calorías (50-60%) provenga de los carbohidratos contenidos en los alimentos de origen vegetal. Para alguien que desee combinar una dieta sin gluten con un enfoque mediterráneo, esto significará apostar por el arroz, legumbres, verduras, frutas y nueces, y reemplazar el pan y la pasta por alternativas sin gluten.