Una dieta sin gluten es esencial para las personas que padecen celiaquía, sensibilidad al gluten o alergia al trigo. Sin embargo, para la población general que no sufre estos trastornos adoptar una dieta sin gluten puede no ser beneficioso desde el punto de vista de la salud y podría, incluso, tener algunos inconvenientes.
Los cereales que contienen gluten, como el trigo, la cebada y el centeno, aportan nutrientes esenciales, por ejemplo, fibra, vitaminas B y minerales. Eliminar el gluten sin reemplazarlo por una alternativa adecuada puede causar deficiencias nutricionales, sobre todo de fibra, hierro, calcio y otros micronutrientes. En muchos casos, los productos sin gluten contienen más grasas, azúcares y aditivos para imitar la textura y el sabor de los alimentos con gluten, lo que puede causar desequilibrios en la dieta y, en ocasiones, un aumento del peso.
Además, los productos sin gluten suelen ser más caros que las alternativas con gluten, con el consiguiente perjuicio para el presupuesto y sin que su consumo ofrezca en estos casos beneficios añadidos para la salud. No existen datos que demuestren que una dieta sin gluten mejora la salud o ayuda a perder peso cuando una persona no sufre trastornos relacionados con el gluten.
Por tanto, para quienes no tienen este tipo de trastornos, se recomienda generalmente una dieta equilibrada que incluya alimentos con gluten con el fin de garantizar que se ingieren suficientes nutrientes y mejorar el bienestar general.