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Para contar con un diagnóstico definitivo, es imprescindible realizar una biopsia del intestino delgado. Durante la biopsia se extraen fragmentos de tejido que se someten a un examen histológico para determinar si hay atrofia vellositaria.

Pruebas serológicas

Las pruebas serológicas pueden confirmar la sospecha de celiaquía. En ellas se analizan, principalmente, los anticuerpos antitransglutaminasa (ATA) de la categoría lgA. Es un análisis de sangre muy fiable y totalmente rutinario. Igual de importante, aunque menos común, es la determinación de los anticuerpos antiendomisio (EMA). Los anticuerpos antigliadina (AGA) de las categorías lgA e lgG son especialmente relevantes para los niños menores de tres años, ya que dan un resultado más claro que los otros anticuerpos. El cambio aislado de AGA-lgG, por sí solo, no es lo bastante decisivo para un diagnóstico, salvo en el caso de los niños con una deficiencia de lgA.

Biopsia del intestino delgado

Si los resultados serológicos son positivos, se recomienda realizar una biopsia del intestino delgado, que se lleva a cabo por medio de una gastroscopia. Si hay resultados serológicos positivos, además de cambios típicos en el área del intestino delgado (atrofia vellositaria, incremento de los anticuerpos en la mucosa del intestino delgado), se puede confirmar de forma definitiva el diagnóstico de celiaquía.

Prueba de tolerancia

En caso de duda (si la celiaquía no se puede diagnosticar con claridad), algunos gastroenterólogos recomiendan reintroducir el gluten en la dieta durante un periodo corto de tiempo después de seguir una dieta sin gluten durante dos años. El diagnóstico se puede confirmar si, tras una nueva ingesta de gluten, se produce una recaída clínica y biópsica en un plazo de unos meses (en algunos casos muy poco frecuentes, después de varios años). La exposición al gluten se debe producir bajo una supervisión médica estricta.