Está claro por todo lo mencionado anteriormente que, por su contenido rico en proteínas, fibra, carbohidratos complejos, manganeso, magnesio, fósforo y hierro, el amaranto tiene un perfil nutricional muy completo. De hecho, un estudio sobre la calidad de la proteína del amaranto ha descubierto que es una de las proteínas de origen vegetal más nutritivas y comparable a la proteína de origen animal. Sin embargo, su lista de nutrientes beneficiosos no termina ahí.
Entre los cereales, el amaranto ocupa el segundo lugar después del teff por su contenido en calcio. Este tiene un papel importante en la construcción de huesos y dientes fuertes, regula las contracciones musculares (incluidos los latidos del corazón) y garantiza la correcta formación de coágulos sanguíneos. El amaranto también es una buena fuente de selenio, que ayuda al sistema inmunológico a funcionar correctamente al favorecer la función antioxidante. Asimismo, el amaranto contiene muchas vitaminas B (especialmente vitamina B6, que ayuda al metabolismo y a la formación de hemoglobina) y es uno de los pocos cereales que contienen vitamina C, que es bien conocida por sus propiedades defensivas.
Por otro lado, el amaranto también tiene niveles altos de fitoesteroles, que reducen el colesterol, y de antioxidantes, que ayudan al cuerpo a desarrollar resistencia a las enfermedades crónicas, al proteger las células del daño de los radicales libres.