Más allá de la celiaquía o la sensibilidad al gluten no celíaca, no hay consenso médico en cuanto a la prescripción de una dieta sin gluten para otros problemas de salud. Aunque también se hayan asociado otras enfermedades al consumo de alimentos con gluten, aún no se conoce a fondo esta conexión. Este sería el caso del síndrome del intestino irritable (SII), un trastorno digestivo muy común.
Un estudio publicado en la revista International Journal of Colorectal Disease reveló que cerca de una tercera parte de las personas que padecen SII ha observado mejoras al seguir una dieta sin gluten. No obstante, es necesario realizar más investigaciones para determinar si los beneficios observados por esas personas se deben a que no consumen gluten o a que toman menos hidratos de carbono, especialmente un tipo específico de hidratos de carbono fermentables denominados FODMAP, que también se encuentran en el trigo, la cebada y el centeno.
Al parecer, en algunas personas el gluten hace que las células del revestimiento intestinal liberen zonulina, una proteína que puede separar las uniones estrechas existentes entre las células que revisten la pared celular del intestino delgado.
Otra investigación ha revelado que el gluten puede desempeñar una función importante en el aumento de la permeabilidad intestinal, a veces conocida como "intestino poroso", que sabemos que influye en trastornos digestivos como la celiaquía, la enfermedad de Crohn y el SII. También hay investigaciones que sugieren que el intestino poroso puede estar asociado a otras enfermedades autoinmunes (diabetes de tipo 1, lupus y esclerosis múltiple), el síndrome de fatiga crónica, la artritis, la fibromialgia, las alergias, el asma, el acné, la obesidad e incluso enfermedades mentales. Sin embargo, se necesita más investigación para establecer un mecanismo causa-efecto claro.
Por estas y otras razones, muchas personas han decidido seguir una dieta sin gluten.