Compartir las emociones, respetando las diferencias

Compartir las emociones, respetando las diferencias

Compartir la comida siempre ha formado parte de la cultura de todas las sociedades.

Y precisamente reuniéndose alrededor de “algo bueno” los hombres y las mujeres de cualquier época, clase social o precedencia se han conocido, se han enamorado, han tomado grandes y pequeñas decisiones, han afianzado sus relaciones familiares o de amistad. Compartir ese momento es algo extraordinariamente humano y nadie debe ser excluido a causa de una elección impuesta por su salud.

Por eso cuando imaginamos nuestros Dolci Capolavori pensamos que teníamos que hacerlos “a lo grande”: una línea de dulces sin gluten para compartir, que diera a todo el mundo las posibilidad de saborear un dulce momento con sus seres queridos, sin renunciar al gusto, las sonrisas y las ganas de estar juntos que todos necesitamos.

Nada de dulces exclusivos. A nosotros, nos gustan inclusivos

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En Schär seguimos una filosofía muy concreta cuando creamos nuestros Dolci Capolavori: los productos sin gluten no tienen por qué estar destinados únicamente a un grupo reducido de personas sino que han de ser buenos también para sus familias, sus amigos, sus compañeros y todos aquellos con los que quieran compartir un momento goloso.

Por eso hablamos de filosofía “inclusiva”. Es como una gran receta para la que hay que seleccionar con mucho cuidado las materias primas, una búsqueda constante de sabores que seduzcan y sacien como los que más, una confrontación continua con nuestros clientes sobre la calidad y el sabor de nuestros Dolci Capolavori. 

Además, pensamos que no es suficiente conformarse con satisfacer una necesidad física. Creemos que el corazón y el espíritu de cada uno de nosotros necesitan otro sustento, una especie de principio nutritivo que se puede medir en afecto y que sólo los momentos que se pasan en compañía pueden aportar. Sencillo, ¿verdad?

La felicidad sólo es auténtica si se comparte

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Imagínate una tarta: esponjosa, saciante, con tus ingredientes preferidos, una auténtica delicia que se deshace en la boca desde el primer bocado. Imagínate que puedes tenerla sólo para ti, nadie más. Es el sueño de los golosos y los glotones, desde luego. Pero comérsela uno solo y de una vez ciertamente no es bueno para la salud, y si la comieras todos los días te darías cuenta de que no tiene el mismo sabor que tenía la primera porción. ¿Quieres saber por qué?
Porque desde siempre una tarta entera se lleva a la mesa en las ocasiones especiales: un cumpleaños, una celebración familiar, una velada o una merienda entre amigos o compañeros. O bien para dar la bienvenida a un invitado. 

Precisamente el hecho de compartir estos dulces es el secreto de su extraordinario sabor: la felicidad no disminuye si crece el número de porciones. Es más, no puede más que aumentar. La dulzura siempre ha unido a todas las personas.