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Los alimentos sin gluten pueden ser caros, así que es importante almacenarlos correctamente para evitar el desperdicio. Además, un almacenamiento adecuado ayuda a prevenir la contaminación cruzada debida al contacto con productos que contienen gluten cuando una familia usa las dos clases de alimentos. Con un poco de planificación, puedes aprovechar al máximo el espacio de almacenamiento disponible y diseñar un sistema que mantenga los alimentos frescos y libres de gluten. 

En esta guía encontrarás algunos consejos sencillos para organizar la despensa que te permitirán mantener frescos los alimentos sin gluten y evitar la contaminación cruzada. 

Invierte en unos buenos recipientes de almacenamiento

Los envases de los alimentos que se pueden almacenar a temperatura ambiente los mantienen frescos, pero solo hasta que se abren. Esto afecta especialmente a los productos sin gluten, que se conservan frescos menos tiempo. Incluso alimentos secos como la pasta y los cereales pierden frescura si se exponen al aire o a la humedad una vez abiertos. 

Para mantener la despensa organizada y asegurarte de que los productos sin gluten esenciales estén frescos, invierte en recipientes herméticos de diversos tamaños. Un recipiente herméticamente cerrado alarga la vida de los alimentos abiertos y los protege frente a las plagas.

Al organizar la despensa, la visibilidad es esencial. Es importante que puedas comprobar tus reservas de un vistazo rápido. Los recipientes de almacenamiento transparentes, de cristal o de plástico resistente, son los mejores.

A diferencia de otras muchas marcas, los productos de Schär no llevan conservantes. Como se preparan frescos sin usar sustancias químicas que prolonguen su duración, pueden estropearse antes una vez abiertos. Tras abrir el paquete, es preferible almacenar el pan que no se use en un recipiente hermético o en una bolsa resellable de la que se pueda extraer el aire. Si se mete en la nevera durante 2 o 3 días, se mantendrá más fresco más tiempo. Verás que este consejo aparece incluso en el sello de la bolsa de vacío de nuestros panes y panecillos.

Quizás te tiente la idea de congelar el pan pensando que así se conservará fresco más tiempo. Aunque eso puede retrasar la caducidad del pan, no es la mejor opción si quieres disfrutar del sabor y la textura del pan recién horneado. Los productos de Schär se elaboran para consumirlos sin congelarlos.

Organiza la despensa de una forma práctica

Incluso si no eres una de esas personas que almacenan alimentos para nueve meses, siempre es recomendable tener organizada la despensa. Agrupa los productos esenciales, como los cereales, las harinas y la pasta sin gluten, para facilitar el acceso a ellos. Coloca siempre los recipientes abiertos delante y los sellados detrás. Si compras cantidades grandes, asegúrate de que los recipientes que utilices mantengan los alimentos frescos durante al menos dos meses. 

Si el espacio disponible en los estantes de tu despensa es limitado, no lo desaproveches. Usa los estantes para que los recipientes abiertos estén a la vista e instala cestas colgantes debajo de las baldas para almacenar los recipientes sellados. Cuando agotes los productos que tienes abiertos, podrás reemplazarlos con artículos frescos de la cesta. Si usas este método, plantéate la posibilidad de elaborar un inventario para comprobar rápidamente lo que tienes sin necesidad de examinar todos los cajones.

Pon etiquetas detalladas en los recipientes 

Cuando cojas un recipiente de la despensa, querrás saber qué es y cuándo se abrió. Una etiquetadora es una herramienta divertida que puede ayudarte con esta tarea, pero si no quieres invertir dinero en eso, hazte con una lata de pintura a la tiza y con rotuladores de tiza en la ferretería. Con un pincel, pinta unas cuantas capas de pintura a la tiza en cada uno de los recipientes resellables y escribe el nombre del producto, la fecha en la que se abrió y la fecha límite para el consumo (si la especifica el fabricante). 

Si en tu familia hay personas que consumen productos con gluten, incluye una indicación en las etiquetas. Eso te ayudará a distinguir de un vistazo los alimentos con y sin gluten. También puedes plantearte almacenar todos los alimentos sin gluten en una sección de la despensa para reducir el riesgo de contaminación cruzada. 

Plantéate refrigerar los alimentos sin gluten

Aunque es totalmente seguro almacenar los cereales y las harinas sin gluten a temperatura ambiente, la refrigeración puede alargar su duración. Es el caso, por ejemplo, de alimentos sin gluten envasados como el pan. Aunque algunos panes sin gluten se venden frescos o congelados, muchos productos se suministran en envases herméticos para evitar la necesidad de usar conservantes artificiales. 

El pan sin gluten que no tiene conservantes debería mantenerse fresco hasta que se abra el paquete, pero puede echarse a perder o desarrollar moho rápidamente una vez que se expone al aire y a la humedad. Después de abrirlos, los alimentos de este tipo se deben transferir a un recipiente hermético o a una bolsa para almacenar alimentos de la que se pueda extraer el aire. Incluso si refrigeras el producto, tendrás que consumirlo como máximo en un plazo de dos a tres días. 

Seis consejos breves para conservar frescos algunos alimentos sin gluten de uso habitual

Un almacenamiento adecuado es la mejor forma de mantener frescos los alimentos, tengan o no gluten, pero hay algunos consejos sencillos que pueden ayudarte a prolongar su duración. Puedes empezar por los siguientes:

  1. Los alimentos con un alto contenido graso, como los frutos secos y las semillas, tienen una duración limitada. Por tanto, si no vas a usarlos hasta dentro de unas semanas, es preferible almacenarlos en la nevera o en el congelador.
  2. Conserva las hierbas frescas con los tallos en un vaso de agua dentro de la nevera, excepto la albahaca, que se debe almacenar a temperatura ambiente. ¡Recuerda cortar antes los tallos!
  3. Las bayas se conservan más tiempo si se bañan en una disolución con tres partes de agua y una de vinagre. Eso mata las esporas de moho que estropean la fruta en muy poco tiempo.
  4. Saca las verduras de hoja de la bolsa y guárdalas en la nevera en un recipiente con tapa forrado con papel de cocina.
  5. Almacena las verduras de raíz, como las patatas y las calabazas, en un lugar fresco y oscuro, no en el frigorífico. Y haz lo mismo con las cebollas, los ajos y los tomates.
  6. Coloca los productos lácteos y otros alimentos que se estropeen con facilidad en el fondo de los estantes de la nevera, donde la temperatura es más baja.

Tanto si tienes una despensa independiente como si solo dispones de unos cuantos armarios en la cocina, un poco de organización siempre ayuda mucho. Una despensa organizada no solo garantiza que los alimentos se conserven frescos más tiempo, sino que reduce el riesgo de contaminación cruzada debida al contacto con alimentos que contienen gluten.