Frente a la persistencia de síntomas en una persona celíaca, durante mucho tiempo la explicación parecía casi automática: asumir que estaba consumiendo gluten sin saberlo. La búsqueda de errores en la alimentación, la contaminación cruzada o el consumo inadvertido de gluten se convertían en el principal foco de atención.
Si bien la exposición involuntaria al gluten continúa siendo una de las primeras posibilidades que deben evaluarse, cuando esta no explica la persistencia de síntomas es fundamental ampliar la mirada.
Hoy sabemos que los pacientes celíacos pueden presentar otras condiciones gastrointestinales capaces de explicar la persistencia de síntomas, incluso cuando la dieta libre de gluten se realiza correctamente. Entre ellas se encuentran la intolerancia a la lactosa, el síndrome de intestino irritable, los trastornos de la interacción intestino-cerebro, la colitis microscópica, la insuficiencia pancreática exocrina o, en algunos casos, el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO), entre otras. Identificar estas condiciones permite orientar el tratamiento hacia la verdadera causa de los síntomas y evitar intervenciones innecesarias.
En la práctica clínica, uno de los errores más frecuentes es responder a la persistencia de síntomas incorporando cada vez más restricciones alimentarias. Muchas personas comienzan a eliminar lácteos, legumbres, frutas, alimentos ricos en FODMAPs u otros grupos de alimentos sin haber realizado previamente una evaluación clínica adecuada. Aunque estas decisiones suelen surgir con la intención de mejorar los síntomas, cuando no existe un diagnóstico claro pueden conducir a una alimentación cada vez más limitada, con consecuencias sobre la calidad nutricional, el estado nutricional y la calidad de vida, sin resolver el problema de fondo.
Este cambio de paradigma también transforma la forma en que entendemos el seguimiento de la enfermedad celíaca. Hoy el control ya no consiste únicamente en confirmar que el paciente "no consume gluten". El seguimiento debe contemplar la evaluación de los síntomas persistentes, la adherencia a la dieta, la calidad de la alimentación, y la búsqueda de otras condiciones que puedan coexistir con la enfermedad, entre otros.
Comprender la persistencia de síntomas desde esta perspectiva permite abandonar explicaciones simplistas y avanzar hacia un abordaje más preciso, personalizado e integral.
Porque persistir con síntomas no siempre significa que el gluten sea el responsable. Muchas veces significa que todavía queda una pregunta clínica por responder.
El desafío actual ya no es restringir más alimentos, sino comprender mejor la causa de los síntomas para indicar el tratamiento adecuado.
Nutricionista: María Paz Temprano.