Ir directamente al contenido principal

El síndrome del intestino irritable (SII) o colon irritable es un conjunto de síntomas intestinales que suelen darse juntos, afectando entre un 3% y un 20% de la población. El dolor abdominal, la hinchazón y la diarrea son algunos de los síntomas característicos del colon irritable, pero también pueden atribuirse a una condición relacionada: la intolerancia a la lactosa.

Los trastornos digestivos pueden ser difíciles de diagnosticar porque los síntomas muchas veces se superponen. El colon irritable y la intolerancia a la lactosa comparten varios síntomas, pero existen diferencias en las causas subyacentes, los factores de riesgo y los tratamientos recomendados. Acá te contamos lo que necesitás saber sobre estas dos condiciones digestivas, incluyendo en qué se parecen, en qué se diferencian y cómo se pueden manejar.

¿Qué síntomas comparten? 

La intolerancia a la lactosa es un trastorno digestivo que se caracteriza por la incapacidad del cuerpo para digerir la lactosa: el organismo simplemente no produce la cantidad suficiente de la enzima necesaria para digerirla bien. Las personas con intolerancia a la lactosa pueden desarrollar síntomas digestivos molestos como gases, hinchazón o cólicos después de consumir alimentos con lactosa (como leche o queso). Algunos también experimentan diarrea o constipación, especialmente si siguen consumiéndolos.

Este mismo grupo de síntomas es común en las personas con colon irritable. El SII afecta a cada persona de manera diferente, pero los síntomas suelen darse en conjunto. Los más comunes incluyen dolor o cólicos abdominales, gases e hinchazón, diarrea y constipación.

Diferencias clave 

Aunque los síntomas de ambas condiciones son parecidos, las causas que los provocan son distintas. A las personas con intolerancia a la lactosa les falta, o no producen la cantidad suficiente de, la enzima lactasa, que es necesaria para digerir los lácteos. Si bien estas personas pueden desarrollar otras alergias o intolerancias alimentarias, los lácteos son el único desencadenante de la intolerancia a la lactosa.

Por otro lado, los lácteos pueden desencadenar síntomas de colon irritable en algunas personas, pero no son el único factor. Quienes tienen SII pueden sentir molestias después de consumir comidas fritas, bebidas con cafeína, fuentes de fibra insoluble y otros alimentos. Los síntomas también pueden aparecer o empeorar por el estrés y la ansiedad. La principal diferencia entre la intolerancia a la lactosa y el colon irritable es que en el segundo los síntomas pueden ser muy variables: algunas personas sufren constipación, mientras que otras tienen diarrea. No siempre es predecible.

El colon irritable y la intolerancia a la lactosa no solo se diferencian en sus causas, sino que también tienen distintos factores de riesgo. Las mujeres tienden a desarrollar SII con más frecuencia que los hombres y, aunque se cree que la genética influye, se necesita más investigación para entender realmente qué lo origina. El riesgo de tener colon irritable puede ser mayor si tenés un familiar con esta condición, si tuviste una infección intestinal grave o si tenés antecedentes de estrés o trauma.

Mientras que el colon irritable afecta a un porcentaje menor de la población adulta, la intolerancia a la lactosa es súper común. Se estima que el 68% de la población mundial es intolerante a la lactosa o lo será en algún momento de su vida. La mayoría de las personas nacen con la capacidad de producir lactasa, pero esta habilidad puede ir disminuyendo con el tiempo. Las personas de ascendencia hispana, asiática y africana pueden tener un mayor riesgo de desarrollarla, al igual que aquellas que padecen otras enfermedades digestivas al mismo tiempo, como la enfermedad celíaca o la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII).

Consejos de alimentación

 Aunque son trastornos digestivos distintos, tanto el colon irritable como la intolerancia a la lactosa se manejan mejor con cambios en la dieta. Evitar ciertos alimentos es la forma más efectiva de prevenir los síntomas en ambos casos.

Manejar la intolerancia a la lactosa es bastante simple: solo tenés que evitar los lácteos. Esto significa limitar el consumo de alimentos que contengan lactosa, como la leche, la crema, el helado y el queso. Podés optar por alternativas vegetales, como la bebida de almendras o de coco, o tomar pastillas con la enzima lactasa antes de comer lácteos para ayudar a mitigar los síntomas. Si la intolerancia a la lactosa se desarrolla como una complicación de una enfermedad celíaca no tratada, tu capacidad para digerir lácteos puede volver una vez que cambies a una dieta libre de gluten (sin TACC) y tu tracto digestivo tenga tiempo para sanar.

Tratar la intolerancia a la lactosa implica evitar una sola categoría de alimentos (los lácteos), pero manejar el colon irritable es más complejo.

Los investigadores sospechan que la causa subyacente del colon irritable tiene que ver con la forma en que el intestino se comunica con el cerebro. Hasta que sepamos más sobre qué lo provoca, el mejor tratamiento pasa por evitar los factores desencadenantes. A muchas personas con SII les cuesta digerir porotos y legumbres, vegetales crucíferos, ajo y cebolla, además de alimentos ultraprocesados y fritos. A algunos pacientes también les ayuda evitar los lácteos o el gluten.

Aunque es posible tener intolerancia a la lactosa y colon irritable al mismo tiempo, esto se debe únicamente a que ambas condiciones son muy comunes, no a que estén estrechamente relacionadas.

La intolerancia a la lactosa es causada por la incapacidad de digerir lácteos, mientras que el colon irritable parece estar relacionado con problemas en la comunicación entre el intestino y el cerebro. Si estás experimentando síntomas digestivos molestos, consultá a tu médico para tener un diagnóstico preciso y evaluar las opciones de tratamiento y el manejo de tu dieta.