El universo es un lugar para los golosos

El universo es un lugar para los golosos

Dulces sin gluten: deseo y necesidad.

«... De repente salieron a un claro con una casa totalmente hecha de mazapán, caramelo, galletas y chocolate».

¿Te suena? Es la casa a la que llegan Hansel y Gretel mientras deambulan por el bosque y a la que se lanzan a comer.

A casi todos los niños les encantan los dulces. Los estudios científicos demuestran que la pasión por el dulce es innata en los humanos y que es uno de los muchos recursos de la naturaleza porque los dulces prometen azúcares y, por tanto, energía, lo que necesitamos para movernos, pensar, construir cosas y hasta respirar y dormir.

¿Prohibir o moderar?

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En general, no hay nada que criticar a aquellos que tienen buen apetitivo, siempre y cuando sepan controlarlo. Las prohibiciones paternas no tienen sentido y suelen provocar el efecto contrario en los niños. Puede ser porque lo prohibido es especialmente atractivo. Es más razonable hablar con los niños de los dulces de manera intencionada y hacerles ver que son algo especial y que, por tanto, su consumo debe ser esporádico. De esta forma evitaremos que los coman a escondidas o en casa de los amigos y que les se sientan mal después.

Golosos sin gluten

También se puede tomar un dulce al día en una dieta sin gluten. Esto es lo que la Deutsche Gesellschaft für Ernährung (Compañía Alemana de Alimentación) escribe sobre ello: «La gula está permitida, siempre que tenga sus límites. Sin embargo, deben respetarse las reglas. Los dulces ricos en azúcar y grasa, incluida la sacarosa, no deben suponer más del 10 % del aporte de energía y las raciones deben reducirse tanto como sea posible. El postre no debe tomarse antes de las comidas y no deben sustituirlas bajo ningún concepto». Claro que se pueden hacer excepciones con ocasión de un cumpleaños o en Navidad, pero las normas deben ser claras para que las golosinas sean un placer para los niños. Esto también se aplica a los postres sin gluten.

Recomendaciones para comer dulces

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Aquí tienes algunos consejos para complacer a tus pequeños sin comprometer su salud y respetando sus hábitos alimentarios.

  • Jjar raciones semanales: el niño tiene cierta cantidad de dulces cada semana, cuya ingesta puede distribuir en varios días.
  • Guardar los dulces en un sitio fijo, por ejemplo, en un “cajón de las golosinas” que el niño pueda abrir por sí mismo.
  • Introducir el consumo de dulces de forma adecuada y moderada en una dieta que incluya fruta, verdura, carne y pescado, acompañándola de mucha actividad física.
  • Dar al niño un buen ejemplo como adulto limitando el consumo de dulces.
  • No usar los dulces como recompensa o su privación como un castigo, o si no los niños los sobrevalorarán y se comportarán dependiendo de ellos.
  • Limitar las bebidas azucaradas y las bebidas dulces que contengan cafeína, ya que también se consideran “dulces”.
  • Antes de ir a hacer la compra, pacta con tu hijo el comprar una golosina que pueda comer en determinado momento del día. Así, el niño será consciente de que tendrá un dulce aunque no se queje.
  • No uses los dulces para sustituir comidas.
  • No olvides decirle a tu hijo que se cepille los dientes.

Estos consejos son válidos de forma general para el consumo de dulces tanto por parte de los adultos como por parte de los niños.  Con los niños celíacos acostumbrados a cierta disciplina con la comida, no será difícil poner en práctica estos consejos incluso si, siendo niños, siempre encuentran la forma de inclinar la balanza en su propio beneficio. Un buen padre es el que sabe cuándo ser inflexible y cuándo conceder más libertad a sus hijos, quienes ya lidian una situación especial.