Sin gluten a la escuela: cómo empezar sin problemas.

Esa ligera sensación fresca en el aire por la mañana temprano anuncia la época fría del año. Tanto si su hijo está en primaria o en el instituto, el mes de septiembre significa volver a la escuela. Tanto para los novatos como para los veteranos, el inicio de un nuevo año escolar implica un cierto grado de agitación. Comenzar el nuevo curso sin gluten puede suponer, de por sí, un desafío particular. No obstante, una cuidadosa planificación y proporcionar la información adecuada a las personas clave hará que el primer día de escuela se desarrolle sin problemas.
Independientemente del nivel al que se incorpore tu hijo, los aspectos más importantes a la hora de prepararse para ir a la escuela son ser positivo y una buena planificación. Un diálogo abierto con los profesores, los monitores y los empleados del comedor es indispensable. Si bien las cuestiones de contaminación cruzada, leer las etiquetas y mantener una dieta estrictamente sin gluten son de máxima importancia, resulta útil para todos destacar la facilidad con que se utilizan los alimentos naturales sin gluten, los beneficios para la salud de los alimentos menos procesados, y la importancia de lavarse bien las manos.
En primaria los snacks y los trabajos manuales plantean probablemente las principales dificultades. Habla con el tutor de la clase y con el de plástica para asegurarte de que tu hijo puede lavarse las manos después de cada actividad. Aunque los desinfectantes para las manos son efectivos contra la suciedad y los gérmenes habituales, no eliminarán todo gluten residual que pueda encontrarse en los materiales usados en los trabajos.
En lo que se refiere a los snacks, en realidad hay dos problemas distintos. El primero es el snack habitual . Para éste, puedes proporcionar a tu hijo una amplia gama de snacks sin gluten. Asegúrate de que el profesor comprende la política de compartir en un solo sentido. Puedes permitir a tu hijo compartir su snack para que se sienta integrado, pero que no esté expuesto al gluten contenido en el de otro niño.
El segundo problema son los acontecimientos imprevistos. Para estos casos es importante contar con un plan B. Por ejemplo, dale a tu hijo un recipiente del tamaño de una caja de zapatos. Deja que tu hijo la decore y ponga su nombre en ella, y que luego la llene con sus snacks favoritos o incluso golosinas. Así, cuando haya algún acontecimiento inesperado, a la hora de repartir los snacks, tu hijo podrá recurrir a su caja y elegir lo que desee.
Más adelante, en secundaria, lo importante es el grupo. Los estudiantes se esfuerzan por ser como sus compañeros. Ser distinto desde cualquier punto de vista provoca a menudo sufrimiento. Por tanto, hay que hacer mucho trabajo de base. Habla con el personal del comedor para saber si se ofrecen habitualmente productos sin gluten naturales en el menú para todos. Estas comidas, como raciones de pollo a la plancha, ensalada de tacos y un yogur "parfait" con fruta fresca, suelen ser opciones más sanas que los platos típicos de comedor. Si estos platos se encuentran en el comedor en lugar de escalopes de pollo u otras comidas tradicionales, le será más fácil a tu hijo elegir un menú sin gluten sin sentirse distinto.
Las otras áreas en que trabajar son los lugares donde suelen reunirse niños y adolescentes. La pizzería, las cafeterías e incluso el restaurante de comida rápida. Habla con todos los responsables pidiendo su colaboración para que pongan algunos platos sin gluten en sus menús, o que dispongan de artículos sin gluten naturales. Ve a cada uno de esos establecimientos con tu hijo durante el verano para que éste pueda practicar pidiendo cosas seguras sin gluten, y disfrutad de un buen snack o una comida con la satisfacción del deber cumplido.
Para los estudiantes de enseñanza superior los comedores acostumbran a resultar más fáciles, ya que los jóvenes tienen una mayor seguridad en sí mismos y en general se ofrece más variedad de alimentos. Asegúrate de reunirte con el encargado del servicio de comidas, como parte de tu visita habitual al colegio. Una planificación previa con el director simplificará la transición del hogar al centro.






